Una defensa (inesperada y breve) de Pedro Sánchez

27/09/2016

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Inesperada para mí, básicamente, porque no me veía yo muy de alabar ni siquiera una pequeñita parte del espectáculo que está dando el PSOE. Poco bueno se puede sacar de una parálisis salteada de espasmos, de una habitación llena de conspiradores en la que se habla abiertamente de dejar gobernar a Rajoy (¡a Rajoy!).

Tampoco fuera, no nos engañemos, y aunque en este blog está claro desde el principio por dónde van los tiros, la decepción ha sido mayúscula porque sí, esperaba más. No mucho más –no nos pongamos sentimentales- pero algo más. La nueva política no era esto; nació vieja, parece ser, y ni siquiera nos queda el consuelo de verla rejuvenecer a lo Benjamin Button. Ojalá me equivoque y exista una crema antiarrugas eficaz en algún lugar.

Y entre el ruido de sables, la podredumbre de las expectativas y la agonía envuelta en humo de puro marianesco (cómo debe estar disfrutando el bribón), encuentro una pieza de Rodrigo Terrasa en El Mundo (diciembre de 2015), en la que el periodista (síganlo si no lo hacen ya) se pregunta: “¿Qué le pasa por la cabeza a alguien para querer ser presidente del Gobierno?”. Y en el primer párrafo se puede leer:

Le preguntaron a Pedro Sánchez en qué estaba pensando cuando decidió que quería competir para ser el próximo presidente del Gobierno y dijo que pensaba en sus hijas, también en el cambio climático. Le preguntaron algo parecido a Pablo Iglesias y admitió que se veía “capacitado” para el cargo, que para cambiar las cosas “alguien tiene que hacerlo”. Albert Rivera cree que “para tener un país feliz hace falta un presidente feliz” y asegura ser muy feliz, claro. Mariano Rajoy, que es el único que sabe de lo que habla en este asunto, le confesó a Bertín Osborne que “ser presidente del Gobierno es la pera”. ¿Por qué querría si no ser alguien presidente de un país?

¿He leído bien? ¿Cambio climático? ¿Alguien habla por fin de cambio climático? ¡Rápido, un pañuelo, que no puedo contener la emoción!

Sí, Pedro Sánchez fue portavoz de la Comisión de Cambio Climático del Congreso, y digamos que se le suponía una cierta sensibilidad. De hecho, y dentro del paupérrimo debate ambiental que se ha producido en la campaña de ambas elecciones, fue quien más sacó la cuestión del calentamiento global; lo tenía fácil, ante el silencio de sus oponentes, fuese éste omisión premeditada u olvido despreocupado.

Que sí, que ya lo sé. Que queda bien decir que te preocupa la naturaleza, los animalitos y que te entusiasman los documentales de La 2: ¿a qué monstruo no le gustan las ardillas y los zorros? Pero es que ahí está el núcleo de la cuestión: si lo dices porque te lo crees, fabuloso. Aplaudo y oye, me hago groupie. Pero si lo dices sin estar del todo convencido o sencillamente porque crees que es lo políticamente rentable o lo socialmente aceptable, mejor aún: priorizarás ese asunto si formas gobierno y será casi más clave para ti que una convicción personal, porque piensas que te dará votos. Una muestra: Sánchez situó a Teresa Ribera, ex-Secretaria de Estado de Cambio Climático y directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales de París, como “ministra en la sombra”. Y Ribera era, se mirase como se mirase, la mejor y más preparada de las ministrables de todos los partidos, aunque no fuese un fichaje estrella (cof, cof) a lo Irene Lozano.

Canvi climàtic cimera polítics

Sé que esto es una visión optimista del asunto, pero Sánchez lo tenía tan fácil como contestarle al periodista algo como “para transformar la realidad y mejorar la vida de las personas”, o “para seguir desarrollando el ideal socialdemócrata de igualdad y justicia”, o qué sé yo, cualquier fórmula de compromiso mil veces ensayada frente a un espejo agradecido. Pero algún resorte mental –no creo que fuese cosa de asesores- le impulsó a mentar el calentamiento global. Y sea cual sea ese resorte, necesitamos urgentemente a alguien que lo poseaNo tiene por qué ser Pdr, pero, de momento, es el único al que se lo he podido detectar. Ojalá fuese tan común en los políticos (permitidme la generalización) como la fascinante habilidad para eludir preguntas con respuestas que ni siquiera rozan la cuestión.

Así que amigos de PSOE: tenéis en vuestra mano quitar de la escena al único candidato que se toma (algo) en serio el asunto que determinará TODAS –repito, para los sordos de vista: TODAS– las políticas públicas en cuestión un par de lustros, no de siglos. Cargarse a un tipo a quien le salta la alarma climática de forma espontánea y ha trabajado a nivel legislativo en el tema es un despropósito, más aún si la decapitación tiene como objetivo mantener en el cargo a un señor que, hasta hace cuatro días, negaba la gravedad del problema entre chanzas y aplausos serviles.

Vosotros veréis. Más nos vale que escojáis sabiamente, como Indy en La Última Cruzada.

 

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About Andreu Escrivà

Ecòleg i ecologista, que no és el mateix. Sóc -això diuen- ambientòleg i Doctor en Biodiversitat. M'agrada -i molt- la política, i per això escric este blog. Tracte de parlar del que sé, pregunte molt, punxe a propòsit i aprenc constantment. I en això estem.

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